La Liebre y el Castor

En una hermosa llanura rodeada de ríos y árboles, vivía una liebre que siempre presumía de su rapidez. A menudo corría de un lado a otro, disfrutando de su velocidad y riéndose de los demás animales que se movían más lentamente.

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Un día, mientras saltaba alegremente, la liebre se encontró con un castor que estaba recogiendo ramas para construir una presa. Sorprendida, se burló del castor:

—¿Por qué trabajas tan duro y te cansas recogiendo todas esas ramas? Ven y diviértete corriendo conmigo.

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El castor, que tenía una gran pila de ramas junto al río, respondió con calma:

—Estoy construyendo una presa para el invierno. Cuando el agua esté congelada y el clima sea frío, necesitaré un refugio seguro. Te aconsejo que pienses en tu propio hogar.

—¡Bah! —dijo la liebre con desprecio—. Siempre podré encontrar un lugar donde quedarme. Por ahora, tengo el campo entero para correr.

Liebre y el Castor

La liebre siguió disfrutando su tiempo, saltando de un lugar a otro sin preocupaciones.

Sin embargo, llegó el invierno, y el viento frío y la nieve cubrieron la llanura. La liebre ya no podía correr libremente y buscó desesperada un refugio cálido. Se acercó a la presa del castor, tocó la puerta y pidió un lugar donde quedarse.

El castor le preguntó:

—¿Qué hiciste durante el verano mientras yo construía mi refugio?

La liebre respondió con tristeza:

—Me la pasé corriendo y divirtiéndome.

La Liebre con frio

El castor suspiró y le dio un lugar temporal para descansar, pero le advirtió:

—La próxima vez, aprende a planificar. Disfrutar es importante, pero también es esencial preparar un refugio para cuando llegue el frío.

La liebre entendió la lección y prometió nunca más descuidar la planificación.

Moraleja: Planifica con anticipación para evitar problemas futuros.