El Cuervo y el Ropaje Dorado

Había una vez un cuervo que descubrió un ropaje dorado y brillante que había caído de un carruaje noble.

El Cuervo

“Con esta capa, me verán como un majestuoso ave real,” pensó el cuervo emocionado.

Se colocó el ropaje, estiró sus alas, y voló hacia el claro del bosque. Los animales, impresionados por su brillante apariencia, lo observaban con asombro, pensando que era un ave exótica y distinguida.

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el Cuervo y el Ropaje Dorado

El cuervo, encantado por la admiración que provocaba, comenzó a graznar fuerte y orgulloso. Sin embargo, su inconfundible sonido delató su identidad.

Desde un árbol cercano, una sabia lechuza lo observaba.

El Cuervo y la lechuza

—No dejes que las apariencias te engañen, cuervo vanidoso —dijo la lechuza—. Pareces majestuoso, pero ese graznido solo puede venir de un cuervo.

Moraleja: No trates de engañar a otros con apariencias. La verdadera distinción proviene de ser auténtico.